Los feminismos noviolentos

Yira Isabel Miranda MonteroYira
Profesional en Trabajo Social
Coordinadora, nodo Nororiente
yira.miranda@descontamina.org
Twitter: @YiraMirandaM 

Los feminismos noviolentos: una pedagogía ante el machismo

…Mientras ellas permanecían muy seguras del mundo social que deseaban, cambiaron, ampliaron y diversificaron espacios como la familia nuclear y el trabajo; nosotros nos aferramos al rol asignado tradicionalmente, por lo cual continuamos recreando nuestra identidad masculina plantada en el espacio público nada más… sin ninguna razón.

Eso pude resumir de la lectura “La masculinidad ante una nueva era”[1]. Y vean que sí me he preguntado por las masculinidades últimamente. Las “nuevas masculinidades” ya se han cuestionado y se esfuerzan por no seguir estereotipos machistas. Sin embargo, la masculinidad normativa o aquella que predomina en esta sociedad, plantea que quienes identificamos como hombres deben ser y comportarse de una manera específica, fuerte, proveedora, pública, y hasta insensible, siendo el caldo de cultivo para el machismo. Esta forma de expresar masculinidad ha sido tan desastrosa, violenta y represiva contra quienes la ejercen a pesar de darles una posición de poder y privilegio ante el resto de seres humanos, que también deben reconocer para comenzar a trabajar por la igualdad. Es decir, bajarse de su privilegio para lograr la igualdad. Pero el punto no es ese.

Por estos días he visto tanta violencia que, una idea me ha incomodado tanto y he tenido que soltarla para ver si encontramos algo innovador aquí, o al menos algo que confirme la solidez de la propuesta noviolenta conjugada en este caso con el feminismo. En este sentido, quiero hacer énfasis en que siempre he considerado y creído firmemente que el feminismo es una apología a la igualdad y aclaro, no va en contra de nadie; no argumenta que “la mujer es superior al hombre”; ni mucho menos quiere exterminarlos como lo afirman peligrosamente, los que sostienen la existencia del “feminazismo”, palabra que considero un insulto porque no tiene ni la estructura para ser un argumento en contra del movimiento y teoría feministas.

Sin embargo, aquí va el detalle. No podemos andar por el mundo enfrentando al machismo con violencia porque bien sabemos que eso reproducirá más violencia. Y como lo ha dicho Pamela Palenciano un montón de veces, “nos hemos equivocado, si respondemos con violencia. A la violencia se le contesta con creatividad y sutileza”[2]. No es preciso contestar a los gritos con gritos o a los insultos con más insultos porque la violencia se nutre de ellos para proliferar y también nos pone en riesgo. Tal vez es un afán, pero he elegido considerar a toda iniciativa feminista que de alguna u otra forma busque mínimamente los derechos fundamentales de las mujeres, puesto que los feminismos van más allá; empero, lo que no considero es a la violencia. Así que la idea incómoda es esta: practiquemos feminismos noviolentos como un mecanismo que necesitamos todas y todos a la hora de querer hablar al menos de un feminismo. El patriarcado ha dañado a los géneros, entonces por qué seguir hiriéndonos en vez de hacer pedagogía, creativa, y hasta colorida para incursionar en la transformación. Si estamos decididas “a cambiar al machista” estamos siguiendo el mismo principio machista de querer cambiar al otro. Reconozco que la masculinidad puede ser mi aliada a partir de negociaciones como sujetos de derechos en las relaciones sociales y desde esa ubicación puedo hacer crítica fundamentada del machismo y el patriarcado, no de quienes reconocemos como hombres, dañándolos en su ser. Psicológicamente estamos enfermos de violencia, la tarea ardua es salir del círculo vicioso.

Un consejo que me doy a mí misma: respira profundo, cambia tu primero y da el ejemplo. Luego deja hablar a tu experiencia, más sabia, más asertiva, más poderosa. Desde la noviolencia comprendo que no estamos exentos a expresar agresividad, y a ella la expreso sin arrepentimientos porque es una fuerza vital que nos hace ser personas y no marionetas, nos permite afirmarnos y que podríamos vincular a la asertividad o el instinto de supervivencia. Desde el poder se intenta relacionar con la violencia y de esa forma quitarnos toda posibilidad de ejercer presión, de luchar, cambiar y transformar la realidad[3]. Tengo clara la diferencia entre agresividad y violencia porque ésta última, se vale de la agresividad para convertirse en una fuerza destructiva. Así que sólo elijo ser agresiva; soy agresiva desde la noviolencia y por eso propongo a los feminismos noviolentos, para que usemos nuestra agresividad de manera asertiva, creativa y transformadora.

Sé que ya parece una frase cliché, pero…

“Debes ser el cambio que deseas ver en el mundo” Gandhi.


[1] Montesinos, R. (2002). La masculinidad ante una nueva Era. El Cotidiano, 18(113) 2002, 37-46. Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Azcapotzalco Distrito Federal, México. Recuperado de http://www.redalyc.org/pdf/325/32511305.pdf

[2] Ver “No sólo duelen los golpes” https://www.youtube.com/watch?v=VjZ_127lIuk

[3] Ver en Paco Cascón. Acción directa noviolenta y Desobediencia civil. Revista Illacrua, nº 92, Noviolència. Recuperado de http://www.noviolencia.org/publicaciones/illacrua.pdf


*Fotografía de la portada: Pixabay.com

**Las posiciones son de las y los columnistas y no representan necesariamente las posturas de la Corporación Descontamina.

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