Corrupción: ¿Cuestión de políticos?

Andrea Mejía Jerez14012816_1097056313715800_618289196_o
Investigadora Grupo Ahimsa
Corporación Descontamina
Contacto: andreamejia2122@gmail.com
Twitter: @Jerezany

Si el tema del año 2016 en Colombia fue la paz, el tema del año 2017 ha sido la corrupción. El escándalo sobre los actos ilegales cometidos por la empresa brasilera Odebretch a lo largo y ancho de varios países Latinoamericanos, entre ellos Colombia, ha sacado a la luz no solo el fraude que es dicha entidad, sino también la vergüenza de políticos que existen en este país. Con el uso del soborno para ganar contratos de construcción de infraestructura, con la financiación de campañas presidenciales y la entrega de dineros para la guerra durante aproximadamente veinte años a las FARC-EP, esta empresa ha generado una explosión de opiniones que han alimentado las columnas, programas de radio y noticieros durante varias semanas.

El rechazo a la corrupción se puso de moda nuevamente en las conversaciones cotidianas. Con valentía y contundencia las personas deploran la gran cadena de fraudes, robos y mentiras que están detrás del escándalo de Odebretch donde se ven implicados políticos, empresarios y hasta Grupos Armados Ilegales. Los debates empiezan en Odebretch y terminan en la rememoración de las tantas historias de corrupción, deshonestidad, violencia, injusticia y demás que indignan y calientan los ánimos de la ciudadanía colombiana.

Un ejemplo de la efervescencia que generan estos hechos ocurrió la semana pasada, cuando un programa de radio realizó una encuesta en twitter en consonancia con la noticia de la sentencia de muerte aplicada a una persona que transportaba drogas ilícitas a China. La encuesta preguntaba ¿está de acuerdo con la ejecución de un colombiano en China por narcotráfico? Sorprendentemente el 52% de las personas respondió sí, pero lo llamativo no fue solo esto, sino que la mayoría de tweets se referían al hecho de que debería existir dicho tipo de castigo para toda persona que lleve a cabo delitos de corrupción, pues “así dejarían de robarnos tanto”.

Desde un punto de vista moralista se podría leer estas opiniones como algo “terrible”, pues si en el 2016 se hablaba de paz, cómo es posible que en el 2017 se desconozca cualquier derecho humano y se apoye la muerte a delincuentes por actos deshonestos. Desde una perspectiva racional, vale reconocer que estas reacciones expresan el descontento generalizado con la forma como se ejerce la política y como se aplica la justicia en el país; este es el síntoma de una ciudadanía cansada de que la política se base en politiquería, de que los impuestos no sean utilizados en salud, educación, infraestructura y demás sino que lleguen a los bolsillos de unos pocos, y además, es la respuesta ante la histórica desigualdad social.

Volviendo a reflexionar sobre la posibilidad de aplicar pena de muerte a corruptos, vale la pena preguntarse ¿realmente se podría lograr algo eliminando a las personas deshonestas de este país? Si a un ciudadano o ciudadana común, con salarios modestos, trabajadores de clase media, le preguntaran si es corrupto, probablemente responderíamos que no, porque ser corrupto es de políticos, pero, acaso no seguir las normas de tránsito, dar sobornos a las autoridades para evitar multas, utilizar los moto taxis y los colectivos piratas ilegales, colarse en la fila del banco, empujar a las personas del entorno para ocupar una silla en el transporte público, evadir impuestos, etc., ¿no son actos de corrupción? Si se aplicara la sentencia de muerte a la deshonestidad, ¿no caeríamos todos en un mismo costal?

En este punto muchas personas responderían “es que yo hago esto porque…” buscando siempre justificarse. Los actos deshonestos por pequeños que parezcan se apoderan de la cotidianidad, hacen de la ciudadanía colombiana experta en presentar excusas y coloca una venda en los ojos que no permite ver cuán corrupto se puede llegar a ser aunque los bolsillos no estén llenos de dinero como en el caso de la larga lista de beneficiados por Odebretch.

“Si los buenos matan a los malos ¿quiénes quedan? Los asesinos” es un famoso refrán que ejemplifica lo muy ágil que se puede llegar a ser juzgando y lo poco astutos al llegar a ocupar un lugar en el que no se quiere estar. Si bien con esto no apoyo la absolución de penas para las personas que se benefician de los dineros de la ciudadanía colombiana, ni mucho menos justifico sus actos deshonestos, considero que es importante mirar retrospectivamente y comprender, que un país honesto, legal, correcto, no solo se construye con políticos y empresarios rectos en sus actos, sino por una ciudadanía capaz de dar ejemplo.

*Las posiciones son de las y los columnistas y no representan necesariamente las posturas de la Corporación Descontamina.

 

 

 

 

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