¿‘Jodidas pero contentas’?[1]: Escribiendo la vida

Yira Isabel Miranda MonteroYira
Profesional en Trabajo Social
Coordinadora, nodo Nororiente
yira.miranda@descontamina.org
Twitter: @YiraMirandaM 

Sí, hay que hablar de lo mismo porque veo malas caras, incluso en mi pequeño círculo social, cuando digo la palabra feminismo. Digo una vez más que su activismo y relación con los estudios de género han pasado por estas temáticas desde hace mucho, ya se habla de ‘Trendgender’ y más; aunque la sociedad no quiere avanzar con ellos, invito a la práctica hasta tener esto claro y avanzar por fin. A leer.

“no se admite a las señoras en la biblioteca más que acompañadas de un «fellow» (caballero) o provistas de una carta de presentación” Alguien le niega la entrada a la biblioteca a una mujer en el ensayo titulado “Una habitación propia”[1]

Tiempos aquellos. Hoy los “conformistas” dicen que ya existe suficiente igualdad para las mujeres en el mundo y preguntan: ¿Qué más piden? Dicen “miren hacia atrás para que se den cuenta que, en comparación a esa época, hoy están muy bien”. Y yo no sé ustedes, pero a mí me parece que  hace falta tanto o más que en aquel momento. Hace falta en cuanto a igualdad entre seres humanos. En ese sentido, sólo hablaré de una cuestión: las relaciones amorosas; donde a nivel privado y micro, se expresan las dificultades sociales con las que han vivido las mujeres por años.

Se preguntarán, ¿Qué importancia tienen éstas y qué tienen que ver con la entrada a una biblioteca? Pues, sencillo. Las relaciones amorosas son relaciones de poder; relaciones en las que se debe negociar. Negociar lo que se puede y quiere dar, hasta lo que se espera recibir. Aquí entran a jugar un sinnúmero de variables como tener o no “una habitación propia y dinero”[2]. Como ven, se necesita autonomía para hacer parte digna en las relaciones de poder, de no ser así, se estaría en desventaja. En ese ejercicio, puede seguirse la “suposición” que ‘hoy estamos mejor’; estamos mejor en el papel, en las declaraciones de derechos humanos y algunas constituciones políticas.  Sin embargo, lo que se vive también se deja entrever en relatos de calle, plazas de mercado, vecindades, redes sociales, entre clases de universidades; mejor dicho, por doquier.

No sé si se han dado cuenta. Los relatos casi siempre son los mismos y expresan por lo general sucesos muy parecidos. Es increíble escuchar repetidas veces la frase “él dice que va a cambiar”. El anterior, parece que ha sido un argumento antiquísimo que obliga a las mujeres a quedarse ahí, donde sea que las quieran, como sea que las quieran, a la hora que las quieran. Ahora, resulta que esta es la forma en que las mujeres están enseñadas a dar amor. La dádiva, como lo expresa Lagarde es la mejor muestra del amor que sienten las mujeres.

Dicha autora dice que “desde una perspectiva de género, el problema es lo que se entiende por enamoramiento, que reproduce desigualdades existentes en la sociedad, entre quienes tienen supremacía y quienes no la tienen. Genera desigualdades que atentan contra quien está en subordinación. Más das, menos intercambias[3] A pesar que, económicamente son las mujeres las que ‘menos tienen’.  La mujer, por lo general, es quien pierde su rol de sujeto negociador; un sujeto de derechos que podría ser capaz de negociar en igualdad, negociar sobre qué y cómo puede y quiere dar en una relación respetuosa de su ser.

Antes, las mujeres no tenían derecho a entrar en una biblioteca. Era difícil acceder al conocimiento, situación que sigue pasando en igual desventaja; empero, ahora es posible tener a la mano ciertas herramientas que dan la posibilidad de aproximarse e incluso producir ciertos conocimientos y saberes que empoderen a la hora de desenvolverse en las relaciones de poder amorosas para aplicar lo aprendido, lo leído, lo dialogado, lo escuchado. El gran pero es que a pesar que algunas mujeres ya tienen oportunidades, en el sincretismo de ser; la mujer actual con valores del pasado, se olvida por completo de lo que sabe, lo que ha vivido, lo aprendido, lo leído y cae de nuevo en la dádiva que no permite el intercambio.  Esto se convierte en un círculo vicioso que, justificado por “el amor” saca a las mujeres de las diversas bibliotecas, evitando su desarrollo para luego exigirles el autosacrificio que afianzará una relación[4].

Estas relaciones de poder que son amorosas y se dan el plano de lo privado, son las que sostienen la dinámica de la sociedad actual. Se evidencia en lo económico, social, político y en el gran marco de lo cultural, se convierten en prácticas que reproducen la colonialidad sobre los cuerpos que se consideran subordinados. De eso se trata la colonialidad, de subordinar. Aquí, subordinar a los cuerpos con expresiones de género que seguimos sin comprender en su humanidad.

Si la humanidad reconociera el por qué se ha llamado a algunos grupos sociales como “minorías”; sí reconociera sus luchas y derechos en igualdad, no tendría que seguir escuchando la misma historia. Yo reconozco ser aún una mujer sincrética que sigue luchando por ser coherente en su discurso y ética. Es esperanza querer lo mismo para quién desee vivir en pluriversidad y en ejercicio de todos los derechos que ello implica. El feminismo sigue queriendo la igualdad entre personas. Aquí no se buscan “supremacías”. ¡No se asusten!


[1] Wolf, Virginia. 1967. Una habitación propia. Editorial Seix Barral, S. A,  p.9. http://biblio3.url.edu.gt/Libros/wilde/habitacion.pdf

[2] Ibíd., p.1.

[3] Lagarde, Marcela. 2001. Claves feministas para las negociaciones en el amor. Managua, p.77.  http://cdd.emakumeak.org/ficheros/0000/0538/claves-feministas.pdf

[4] Ibíd., p. 77.


*Las posiciones son de las y los columnistas y no representan necesariamente las posturas de la Corporación Descontamina.

**Fotografía: Pixabay

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