2016: Año de inocentadas

Andrea Mejía Jerez14012816_1097056313715800_618289196_o
Investigadora Grupo Ahimsa
Corporación Descontamina
Contacto: andreamejia2122@gmail.com
Twitter: @Jerezany

Sin darnos cuenta, el año 2016 estuvo lleno de inocentadas. Aunque actualmente existen formas digitales alternativas a los medios masivos de comunicación tradicionales para informarse, estas fueron insuficientes en Colombia.

El 28 de diciembre, mientras navegaba por internet, me encontré con una noticia donde se anunciaba que el expresidente Álvaro Uribe Vélez y el presidente Juan Manuel Santos pasarían noche vieja en una finca de Antioquia para seguir los consejos de reconciliación dados por el papa Francisco. Cuando seguí leyendo encontré una frase al final de la entrada noticiosa donde decía: ¡feliz día de los inocentes! Muchas personas muy probablemente solo leyeron el titular o el primer párrafo de la supuesta noticia y se fueron creyendo la mentira, reproduciéndola y convirtiéndola en rumor.

Así sucedió con gran parte de las noticias de este país durante el año que está acabando. La propaganda política populista basada en mentiras y manipulación, nos llevó a rechazar el Acuerdo de Paz alcanzado entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) y a polarizar a la población sobre dos polos políticos; el morbo y la exagerada especulación sobre temas trascendentales, pero no los únicos que suceden en el país, llevaron a reproducir información falsa y a entorpecer investigaciones, como por ejemplo: El caso del accidente de avión LAMIA en el que  viajaba el Club Chapecoense, donde se crearon distintas interpretaciones en busca de culpables sobre lo sucedido. El boom mediático ocultó escándalos, como es la corrupción en megaobras como Refircar o los sobornos de Oddebrecht; o el caso brutal de secuestro, violación y feminicidio de la niña Yuliana, sobre lo cual han surgido distintas especulaciones perjudicando los hallazgos de las investigaciones y saturando la situación a despliegues innecesarios sobre cómo se siente la familia, mientras se aprovechan del dolor ajeno para generar un trafico de contenido mayor. Así mismo sucedió, con el caso de una mujer que había sido empalada en el Valle del Cauca, el caso evolucionó desde que se generaron las primeras noticias al respecto y llegó al punto desmentir estas afirmaciones para crear otras basadas en el resultado de medicina legal, que afirmó que la mujer sufrió una aneurisma que le causó una caída y el posterior fallecimiento por la gravedad de la misma.

La gran capacidad que tienen los medios masivos de comunicación virtuales, en lugar de ayudarnos a conocer más, nos llevan a conocer menos, a enceguecernos en una aporía social y filosófica que se reduce a “nadie sabe lo suficiente”.

Si algo reafirmó este 2016, es que primero cae un mentiroso que un cojo. Finalmente se refrendó un Acuerdo de Paz que escuchó las propuestas del sector que votó No en el plebiscito, aun cuando la dinámica fue salir a votar “berracos” y pocas personas se tomaron el trabajo de votar sin miedos o presiones decimonónicas. Sobre el accidente del avión donde iba el Club Chapecoense, la investigación arrojó una serie de errores o mas bien horrores, desde la falta de combustible hasta nexos de corrupción del piloto que era en parte dueño de la aerolinea, pero también se conoció a profundidad la suerte que corrieron los sobrevivientes y las familias de los fallecidos.

Así mismo sucedió con el caso de la niña Yuliana, más allá del sadismo y perversión de una persona de la elite bogotana, se esconde el estupor de la sociedad colombiana. Es común creer que los únicos que cometen crimenes son los pobres; esto explica en primer lugar la cautela al momento de infomar el crimen, y en segundo lugar, la necesidad de buscar una explicacion ante las acciones de un egresado “notable” del Gimnasio Moderno y de la Javeriana, pues lastimosamente en uno de los paises más desiguales del mundo ser pobre aún es excusa para ser malo.

El caso de la mujer supuestamente violada y empalada, no solo denota la escasa profundidad investigativa de los medios de comunicación, y su predisposición natural al shitstorm[1], también permite entrever la necesidad de una tendencia, así sea brutal, de unir latitudes y sensaciones, los casos de las mujeres empaladas en distintas regiones de latinoamerica, como en Argentina, llevan a buscar incluso de la peor manera casos cercanos.

A unas horas de terminar el 2016, nadie está suficientemente informado ni en lo correcto. Si bien la perdida del sentido común y la toma de decisiones populistas como el Brexit o la elección de Trump demuestra que es un problema global. Los colombianos pasaron todo un 2016 lleno de inocentadas sin darse cuenta, creyendo lo que no tenía que creer, peleando por lo que no debian pelear y difundiéndolo como una enfermedad incurable, mientras las elites aparentemente enemigas reparten los botines políticos y económicos del año.

El problema no es que se acabó el 2016 y quedamos como tontos, sino que viene un 2017 que será más importante por la puesta en marcha del post-acuerdo de paz y la campaña presidencial del 2018. Como propósito del nuevo año se podría considerar dejar de ser inocentes y empezar a ser más críticos con lo que leemos y consumimos de los distintos medios informativos. Ahora bien, no solo hay propositos sino retos, existe la responsabilidad cívica de la academia de salir de la encerrada teoría y abrirse a nuevos espacios de divulgación y de tematicas contemporaneas, la responsabilidad de in-formar (o sea dar forma) no puede seguir en manos de emporios mediaticos que solo piensan en lucrarse con el trafico de la informacion, el número de views y las molestas publicidades que intoxican la web.


[1] Traducción al español: linchamiento digital.


*Las posiciones son de las y los columnistas y no representan necesariamente las posturas de la Corporación Descontamina.

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