La paz, una cuestión social y cultural: lecciones de un momento histórico (II)

Kathryn OrcasitaKathryn Investigadora Grupo Ahimsa
Corporación Descontamina
Estudiante de Trabajo Social
Contacto: kathryn.orcasita.benitez@gmail.com
Twitter: @KatOrcasita 

“Puerto Carreño se encuentra en la Orinoquía colombiana, donde el río Meta entrega sus aguas al portentoso Orinoco. Desde la época de las misiones, la historia de esta confluencia se caracteriza por el encuentro de culturas tan diferentes y bravías como las aguas de los dos ríos. Solamente hasta comienzos del siglo XX fue posible que algunas familias se establecieran allí dando origen a la ciudad actual, cuyo crecimiento y desarrollo se potencia a partir de la década de 1970. A partir de entonces sus habitantes se encuentran en la construcción de una identidad propia como “carreñenses” que conjugue sus diferentes orígenes: andino, llanero e indígena.” – Natalia Hernández[i]

Hace poco tuve la oportunidad de conocer Puerto Carreño, la capital del Vichada. Iba con una compañera -que ya había estado antes en este lugar- y un compañero de trabajo; nos encontrábamos allí por motivos laborales. Llegamos a las 7:30 p.m., así que no pude ver el paisaje ya que lo cubría una inmensa oscuridad. Al bajar del avión se podía sentir una intensa humedad, más que calor, pues el Vichada en su extensión es mayoritariamente selvático. El aeropuerto “Germán Olano” es bastante sencillo, da la impresión de ser una cabaña de concreto rodeada por una pequeña pista de aterrizaje.

Llegamos al hotel “La Vorágine”, su nombre me recordó el libro de José Eustasio Rivera, en el cual se abordan las devastadoras implicaciones del auge del caucho. Después de dejar el equipaje salimos a buscar algo de comer. Estando en un lugar de comidas rápidas, llegó un niño de no más de siete años de edad pidiendo comida: por sus rasgos físicos pude entrever que es de procedencia indígena. El niño se encontraba descalzo y un poco sucio. Yo en realidad no sabía qué hacer, al ver mi reacción e indecisión mi compañera sugirió que no lo hiciera pues el niño no probaría un bocado de lo que yo le diera ya que se lo llevaría a sus padres, comenté que entonces lo podría invitar a comer a lo cual ella me sugirió que no lo hiciera, nuevamente, pues el niño no comería y después de un momento le llevaría la comida a sus padres y no probaría nada, ella me explicaba que había estado en dos situaciones similares y eso era lo que había sucedido.

Miré hacia la dirección por donde había llegado el niño y pude ver a su mamá con un niño en brazos y a su padre observándolo y esperando. En verdad estaba desconcertada y sin palabras. Luego nuestro compañero de viaje dijo: “así le des de comer ahora no acabaras con sus problemas.”.

*

Al día siguiente tuvimos inconvenientes con las actividades previstas y decidimos dar un recorrido por el municipio para que yo lo pudiera conocer. Puerto Carreño es un municipio pequeño en su área urbana, se puede recorrer caminando en unas cuantas horas. La única edificación de más de dos pisos son las instalaciones del SENA. Sus calles están llenas de árboles muy altos –palmas y muchos árboles de mango-. Yo en realidad estaba maravillada con el paisaje, ver y sentir tanta naturaleza era vivificante. Parecía que el tiempo se hubiera detenido desde hace mucho tiempo, me sentía en una época distinta, en una donde para las personas la belleza se encuentra en la naturaleza y en el ocaso y no se reduce a edificios altos y grandes centros comerciales. Su población es en su mayoría indígena, pero también hay muchas personas que por sus rasgos físicos y el acento en sus voces se podría decir que provienen del pacífico, occidente y centro del país.

Tuve la oportunidad de conocer dos personas maravillosas, amables y carismáticas, pero con miradas diferentes sobre la situación de la comunidad indígena. Una de ellas es un agente de la policía y la otra una gestora social del ICBF.

El agente de la policía es oriundo del norte del país y vive desde hace muchos años en Puerto Carreño, él me explicaba que los indígenas del territorio se caracterizan por ser nómadas y recolectores, también me contaba que el municipio fue fundado en medio de su territorio, interrumpiendo así sus prácticas ancestrales, lo cual había generado el fenómeno que yo estaba viendo, él lo llama así: “en Puerto Carreño los indigentes sin los indígenas”. También me explicaba que se han intentado varias cosas para vincular a esta población al sistema de los colonos, pero que ha sido difícil porque “los indígenas viven el día a día, por ejemplo, uno les lleva mercado y ellos se lo comen todo en un solo día”, decía.

Luego, conversando sobre el mismo tema con la gestora del ICBF –oriunda del municipio- ella reflexionaba, “las cosas muchas veces no son como la gente dice, nosotros fuimos los que invadimos su territorio y ahora son ellos los que nos hacen estorbo, cuando deberíamos ser nosotros los que nos adaptemos a ellos y a su cultura”. Yo la escuchaba y pensaba en los daños tan profundos que ha dejado y siguen dejando los procesos de colonización en el tejido social y en la cosmovisión de las culturas ancestrales que aún perviven en el territorio colombiano.

*

Colombia atraviesa por un momento histórico muy importante, uno de los más importantes de la historia reciente. Pues el fin de una guerra que nos cobró más de medio siglo, millones de vidas y de sueños, no se puede subestimar ni dejar pasar, pues este no es solo un acontecimiento nacional sino un momento que atraviesa la vida cotidiana, nuestras formas de pensar y de relacionarnos.

Lo valioso de estos días es que constituyen un nuevo comienzo y todo nuevo comienzo es a su vez una invitación a mirarnos a nosotros mismos para repensarnos, es una oportunidad para hacer un alto en el camino, mirar atrás por un momento y escuchar todo lo que el pasado tiene por decirnos.

La paz no es solo una cuestión política de la vida nacional, es también una cuestión social y cultural. Social porque se encuentra determinada por las mismas relaciones sociales y sobre cómo concebimos a las otras personas; y cultural, porque se encuentra mediada por los significados que damos a dichas relaciones y por las diferentes formar de existir y habitar el mundo en interacción con otras especies (plantas, animales).

Al ser la paz una cuestión social y cultural está dotada de identidades. Es por eso que este momento histórico requiere que volvamos a nuestros abuelos y a aquellas personas que pertenecen a las etnias ancestrales (indígenas, afrodescendientes, etc.) que aún perviven en nuestro país e indaguemos en sus saberes para así rescatar con ellos nuestra identidad, nuestras raíces y así hacer más fuertes los cimientos de una paz más acorde a nuestras necesidades y realidades.

Concuerdo con William Ospina al decir que “somos hijos de una gran fusión no solo de razas sino de modelos complejos de civilización.[ii]” Un pequeño ejemplo de ello es Puerto Carreño, y si indagamos en la historia de cada pueblo y de cada ciudad de este país encontraremos sus orígenes en ese gran choque cultural, que en ocasiones desconocemos y que también hemos olvidado.

Sin duda alguna, otra lección de este momento histórico es que debemos mirarnos y reconocernos como lo que somos, hijas e hijos de un gran choque cultural, siendo una necesidad acudir a nuestras raíces aun vivas para reinventar nuestras relaciones con las y los otros, y con la tierra misma. Este es el momento de construir relaciones identitarias basadas en la preservación de nuestras raíces ancestrales, el cuidado de la tierra y de sus recursos naturales, más acordes a nuestra diversidad y riqueza cultural pues es allí donde se encuentra el secreto para la preservación, cuidado y respeto por la vida, construyendo así un mejor país, no solo para las futuras generaciones, sino un mejor país para los que vivimos en esta época.

[i] HERNÁNDEZ, Natalia. Puerto Carreño: A orillas del Orinoco. En: Biblioteca virtual, Biblioteca Luis Ángel Arango. Véase en: http://www.banrepcultural.org/node/73373

[ii] OSPINA, William. De la habana a la paz. Debate: Bogotá, 2016. P. 28.

 

**Las posiciones son de las y los columnistas y no representan necesariamente las posturas de la Corporación Descontamina.

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