Política de hostal

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Henry Riveros
Doctorante, Universidad de la Salle
Profesor, Universidad Santo Tomás
Contacto: henryriveros@gmail.com
Twitter: @henryriveros

Hace unos días hablaba de la situación política del mundo en San José de Costa Rica, con dos mujeres muy amables: Blanca Laura, una mujer mexicana de 27 años y Nathalie, una francesa de 37. Yo quería saber que piensan de Colombia, qué piensan de sus propios países y comparar eso con lo que yo pensaba. Me sorprendí mucho: Blanca Laura, una mujer delgada, alta y con un atuendo cosmopolita, considera que el actual presidente mexicano es un narco investido de presidente gracias a su propio dinero y que es muy mala onda porque persiguió a un líder popular, el Chapo Guzmán, un ángel de la protección social, para quedarse con su dinero. Ella vive en el Estado de Veracruz y dice que es un Estado muy violento, que hay muchos muertos por las mafias criminales. Debe ser por eso, dice ella, que la policía migratoria panameña intentó cobrarle 500 dólares en la frontera con Costa Rica. Seguro pensaban que viajaba ilegalmente, pero lo cierto es que había perdido su vuelo a México desde Colón y para ahorrarse 200 dólares ingresó por vía terrestre a Costa Rica para viajar a México D.F. Nathalie decía que era increíble que funcionarios bien pagados robaran a las personas, que ese tipo de cosas hablaba de lo mal que estaba el mundo, de la existencia objetiva de la maldad. No le pregunté a qué se refería con esa expresión, porque sospechaba, gracias a las conversaciones de esos días, lo que luego confirmé, que Nathalie era una persona sumamente conservadora y alineada con las corrientes políticas de la derecha europea.

Le pregunté a Blanca que pensaba de lo ocurrido con los estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa y me dijo que esos muchachos andaban en algo raro, porque eran estudiantes de licenciatura que recién empezaban y que por eso mismo no tenían que estar involucrados en protestas de maestros. De no ser porque le planteé el tema de los posibles autores, su opinión al respecto solo hubiera estado centrada en la responsabilidad de las mismas víctimas. Nathalie escuchaba atenta y sorprendida este tipo de relatos. Por esas cosas, decía, es que no había ido nunca a Colombia. Le parecía riesgoso para una ciudadana francesa. Pero ya había conocido México, Nicaragua, Ecuador, Venezuela, Perú, Brasil, Chile y Argentina. Hablamos de lo relativo de esa violencia, y quedó muy entusiasmada con ir a Cartagena, la única ciudad colombiana, además de Bogotá, que a ésta mochilera dedicada se le hacía atractiva.

Blanca se quedó una noche en el hostal, mientras llegaba la hora de su vuelo a México. Nathalie se quedaba otra noche más y pudimos seguir hablando. Me decía que ella era muy católica, que asistía a una iglesia que seguía la tradición del concilio vaticano primero y que el concilio segundo era una encarnación del mal, que era otra prueba de la existencia objetiva de la maldad, porque era permisivo con las conductas que degradaban a la humanidad. Nathalie tiene tatuajes en sus brazos, piercing en su nariz y boca. Usa lentes de fórmula con marco acrílico oscuro, muy bonitos y modernos; piensa que Europa debe endurecer las reglas migratorias para prevenir los desórdenes a los que están acostumbrados los migrantes, y que la seguridad social es demasiado generosa con las personas que tienen hijos, y que eso está fermentado la pobreza europea. Ella considera que la raíz de todos los males está en el alejamiento que la humanidad tiene de Dios, que estamos tocando fondo con los matrimonios gay y que la situación crítica del mundo se debe al poder diabólico de los masones, que está desperdigado en todo el mundo. Me mostró fotos de edificios costarricenses con símbolos masónicos y me dijo que no le gustaba para nada el Papa Francisco. Le hice algunas preguntas para cuestionar sus certezas, pero la respuesta que obtuve fue que a ella solo le interesaba aquello que reafirmara su punto de vista y que oír discursos contradictorios era como exponerse a la contaminación.

Estas discusiones me ayudaron a entender mejor el mundo, sobre todo a entender que hoy está en auge una tendencia generalizada a aceptar la violencia como forma de control social. Los dos días siguientes llegaron al hostal dos europeos más, con las que no cruce palabra. La una, mujer madura, se refugió todo el tiempo en un libro, el otro, un jovencito, todo el tiempo estuvo pegado al celular. Al verlos me explicaba a mí mismo porque las cosas van así.


*Fotografía de la portada: Tribunales de Justicia, Costa Rica.

**Las posiciones son de las y los columnistas y no representan necesariamente las posturas de la Corporación Descontamina.

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