La “emancipación” del odio

David Sebastián Guáqueta RiveraDavid
Investigador Grupo Ahimsa
Corporación Descontamina
Psicólogo, Estudiante de Filosofía
Contacto: davidguache2@hotmail.com
Twitter: @davidguapato

Con el fortalecimiento de las redes sociales, críticas feministas se asomaron para denunciar la peligrosa trivialización del humor sexista, racista y difamatorio que allí prolifera. Muchas fueron las voces que usaron ese mismo humor para acallar los llamados de alerta[1]. Sin embargo, los casos de ciberbullying, o acoso por medios de comunicación como el internet, se han hecho más presentes y visibles, demostrando la pertinencia de esas denuncias. La libertad de la plataforma virtual (tan importante), su alcance y la posibilidad del anonimato, favorecen y fortalecen actos de agresión, reduciendo el reconocimiento de la vulnerabilidad y el dolor de las personas agredidas[2]. Muchos de estos actos, se realizan con la justificación de las condiciones u opciones de vida de las personas agredidas. Población LGBTI, inmigrantes, clase socioeconómica baja, mujeres, feministas; cualquier condición u elección de vida es utilizada como justificación para actos de violencia y discriminación intolerables. Pero esto es tan sólo una punta de las múltiples caras que tiene un problema de gran envergadura: la liberación del odio.

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Fotografía: recuperada en Twitter

La problemática de inmigración masiva (o no) en Europa y Estados Unidos, ha suscitado infinidad de debates y posiciones políticas. Pero, más allá de esta diversidad fundamental en la democracia, se han establecido de forma disfrazada discursos de odio fundados en raza, religión, lugar de origen o simplemente rasgos físicos. La decisión tomada en Gran Bretaña de retirarse de la Unión Europea, llamada Brexit, fue una decisión política alimentada por estos discursos[3]. En Estados Unidos, Donald Trump ha dado rienda suelta al racismo y sexismo en sus discursos de campaña[4], dando como resultado no sólo su elección presidencial, sino también una respuesta cultural violenta inmediata[5].

La victoria (electoral, pues no es una victoria para nadie) del NO en el plebiscito por los Acuerdos de Paz el pasado 2 de octubre, fue el resultado, como el mismo Juan Carlos Vélez lo dijo[6], de discursos que motivaron el miedo, el rechazo y la rabia de la población colombiana[7]. Miedo a la pérdida de la propiedad privada -que nunca se vio amenazada-, rechazo a convertir la población en homosexuales a través de la supuesta “ideología de género” -que jamás estuvo contemplada-, rabia hacia un gobierno -cuyos voceros fallaron en comunicar lo que realmente se acordaba-, y deseo de venganza alimentado en una supuesta impunidad malentendida del modelo de justicia. Discursos fundados en mentiras y aspectos no acordados, pero sobre todo en emociones y prejuicios presentes en la gente. A la final, el anonimato también se encuentra en el sufragio, y allí es muy fácil decidir por acabar con el otro, por la muerte del desconocido, por el sufrimiento de quien está lejos de mí.

En múltiples discusiones, foros y publicaciones de internet, he visto el argumento: “respeta la opinión del otro, si yo soy racista es mi decisión”. Sin embargo, recuerdo tan sólo a una persona capaz de darme ese argumento en una conversación de frente. La discriminación y el odio no es una opinión o una visión del mundo que se pueda sustentar sobre la diversidad democrática, pues es fundamentalmente contraria a la opinión de los demás. Pero esta es, tristemente, la idea que da pie a que se vean como justificadas acciones de violencia, está en la base para “emancipar” el odio generalizado.

Las decisiones políticas trascendentales están en manos de personas que eligen a partir de emociones y no sólo de argumentos[8]. Lo que hay que reconocer acá es que cada decisión que tomamos está igualmente infundida y permeada por nuestras emociones. Incluso podría afirmarse que los argumentos están allí simplemente justificando y reforzando mi sentir, mi posición, mi lugar de enunciación, mi emoción. Y lo que es peor, estas emociones pueden ser alimentadas, construidas e infundidas por múltiples medios de los cuales muy pocas veces tenemos control. Es a través de todo ello, como he querido mostrar, que se ha dado rienda suelta al odio, en favor de unos cuantos políticos que esperan mantenerse en el poder a toda costa.

Sería un error grave de mi parte afirmar que se trata de “unos otros” irracionales que toman decisiones y nos perjudican a “nosotros”, pues no sólo estaría cayendo en un discurso autorreferencial de supremacía, sino que estaría desconociendo totalmente la realidad de mis propias elecciones humanas. Está claro que establecer opuestos, “yo” frente a un “otro”, es una estrategia política exitosa a la hora de conseguir votos (pues es la que han utilizado estos políticos que se alimentan de discursos de odio), pero no es una estrategia que afiance el interés democrático, ni mucho menos que reconozca al otro/a desde la humanidad que le constituye. Además, la oposición desde la identidad absolutamente opuesta sólo fortalece las posiciones y la distancia inconciliable, tal como la mediación nos enseña.

Mi invitación es hoy a buscar los puentes que desvanezcan esas dicotomías falsas (o cuando menos, no tan claras). Apelar a la humanidad del otro, al encuentro cara a cara, cuerpo a cuerpo, palabra a palabra. Desvanecer las murallas del anonimato y promover el mutuo reconocimiento en cada instante, en cada relación, en cada momento de unión y desunión. Hacer uso de nuestros medios hasta la saciedad: la música, la danza, el abrazo (el cuerpo), el escrito… todos los medios de los que dispongamos para romper el odio y encontrarnos como seres humanos vulnerables, cohabitantes del mundo. Demos libertad a una política diaria que sea parte esencial de nuestra vida, no sólo se trata de ir a votar cada vez que se solicita. Estoy convencido que la empatía nos hace falta hoy más que nunca.


[1] Ruiz-Navarro, C. (16 de noviembre de 2016). ¿Palabras necias, oídos sordos? El Espectador. Recuperado de http://www.elespectador.com/opinion/palabras-necias-oidos-sordos

[2] EE. (19 de octubre de 2016). ¿Cómo evitar el “cyberbullying”? El Espectador. Recuperado de http://www.elespectador.com/noticias/educacion/evitar-el-cyberbullying-articulo-661136

[3] Fresneda, C. (6 de octubre de 2016). El cerco a la inmigración del Reino Unido. El Mundo. Recuperado de http://www.elmundo.es/internacional/2016/10/06/57f5586122601d6c548b457a.html

[4] Soloveitchik, R. (11 de noviembre de 2016). Entrevista a Judith Butler: “Trump está liberando un odio desenfrenado”. Revista Paquidermo. Recuperado de https://www.revistapaquidermo.com/archives/13308

[5] ED (11 de noviembre de 2016). Day 1: estremecedores relatos de personas que vivieron violencia racial tras victoria de Trump. El Dinámo. Recuperado de http://www.eldinamo.cl/tech/2016/11/11/day-1-estremecedores-relatos-de-personas-que-vivieron-violencia-racial-tras-victoria-de-trump/

[6] EC (6 de octubre de 2016). “Estábamos buscando que la gente saliera a votar verraca”: Juan C. Vélez. El Colombiano. Recuperado de http://www.elcolombiano.com/colombia/acuerdos-de-gobierno-y-farc/entrevista-a-juan-carlos-velez-sobre-la-estrategia-de-la-campana-del-no-en-el-plebiscito-CE5116400

[7] LR (5 de octubre de 2016). El No ha sido la campaña más barata y más efectiva de la historia. La República. Recuperado de http://www.larepublica.co/el-no-ha-sido-la-campa%C3%B1a-m%C3%A1s-barata-y-m%C3%A1s-efectiva-de-la-historia_427891

[8] Ruiz-Navarro, C. (9 de noviembre de 2016). Emociones políticas. El Espectador. Recuperado de http://www.elespectador.com/opinion/emociones-politicas


*Fotografía de la portada: http://www.aguilasymoscas.com/content/menos-mal-no-era-una-marcha-homof%C3%B3bica

**Las posiciones son de las y los columnistas y no representan necesariamente las posturas de la Corporación Descontamina.

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