Mi obsesión por el Sí

José Fabián Bolívar DuránDSCN1470
Investigador Corporación Descontamina
Contacto: josebolivarduran@gmail.com
Facebook: @JoseBolivarD
Twitter: @josebolivard

Sacrifiqué noches de placer; perdí las pocas amistades que tenía; mi mamá volvió a regañarme después de treinta años; derroché dinero en alcohol y fármacos; mis excesos de vitalidad, se convirtieron en precoces destellos de escaso vigor. Al final, pude salir de la crisis con dos peregrinaciones, un viaje en bicicleta y un éxodo emocional. Realicé el Camino de Santiago buscando paz interior; sin ser religioso, fui a Roma a pedir por los acuerdos; viajé en velocípedo hasta las Cataratas del Niágara para refrescar mi estrategia pedagógica de youtuber (poco visitado), de facebookero (con pocos like) y de asesoramiento (gratuito) vía skype para apoyar el Sí.

Y bueno, después de ir a Colombia el 02 de octubre y pegarme una buena chillada por el triunfo del No, opté por buscar las causas de este doloroso suceso en lo subyacente y definitivo para que 6.431.376 personas se hubieran negado a los acuerdos de La Habana: las emociones. Sí. Después de tres semanas de analizar diversas posturas académicas, sociológicas, políticas y, principalmente callejeras y cotidianas, encontré en las emociones más primarias, aquellas derivadas de los más arraigados costumbrismos propios de nuestra cultura patriarcal y machista, las razones más poderosas para comprender el No; y más que el No, lo que somos como sociedad.

Por esto insisto, de allí mi obsesión por mantener viva esta discusión. Porque más allá del Sí o el No, estas emociones seguirán siendo determinantes en las relaciones sociales, culturales, económicas y políticas de Colombia. Estas emociones, por ejemplo, definirán el próximo presidente o serán determinantes en lo que siga sucediendo con los procesos de paz en curso. Pero lo más importante: seguirán moldeando los comportamientos cotidianos de la gente en hogares, asados, discotecas, tiendas, bares, restaurantes en la 93, restaurantes en plazas de mercado, billares, y más, y más. Todo lo anterior, claro está, con el apoyo de las redes sociales que se siguen constituyendo como un espacio descontrolado de líderes virtuales de información y desinformación, que hacen que estos espacios cotidianos encuentren una precaria fuente de argumentación.

¿Y de cuáles emociones hablo? Hoy, del miedo a la diversidad sexual y a la equidad de género. Más pasan los días, más se evidencia que aquí se usó la homofobia y la misoginia, propias de un sistema patriarcal y heteronormativo, como caballo de batalla para lograr la consecución de intereses de grandes terratenientes. Banderas de la familia tradicional y de la necesidad de una “presencia de Dios” en los acuerdos, fueron dos estrategias que no fallaron y, lo que es peor, que no fallarán porque han sido maneras históricamente efectivas de capitalizar votos y de fortalecer violencias que se esconden en el amor, los valores y la existencia de un dios que supuestamente las avala y apoya.

Hoy el exprocurador publica un libro sobre la “ideología de género” que desde ya se proyecta como la guía de su discurso homofóbico hacia las elecciones presidenciales de mayo de 2018. Una Senadora, se perfila como formula presidencial por su lucha contra la adopción gay, obvio, escondida en la misma homofobia disfrazada en valores tradicionales. Una diputada, la “defensora de la familia” que solo ha provocado más odio en Santander, tendrá su propia aspiración por la Gobernación de este departamento. Y, naturalmente, tendremos a varios de los pastores cristianos que hoy desfilan en los medios nacionales participando directamente en cargos de elección popular, para lo cual no tendrán que tocar sus grandes sumas de dinero en las campañas, porque campaña ya vienen haciendo con el miedo de sus seguidoras y seguidores.

Esa es mi obsesión por el Sí. Más que el plebiscito, comprender que el debate estuvo enmarcado en formas patriarcales de violencia, que más adelante intentaré desarrollar en este espacio. Hoy me refiero a la más urgente, pues hoy, se sabe más de la existencia de algo que no existe como lo es la “ideología de género”, que de la perspectiva de género: categoría que nos enseña más y mejores interrelaciones noviolentas para convivir mejor con nosotras y nosotros mismos y, como sociedad.

El Sí, defiende, además de unos acuerdos de paz, unos derechos de sujetos y colectivos históricamente oprimidos. La discusión está más viva que nunca y no debemos abandonarla. Mi obsesión por el Sí se mantiene intacta, porque mi Sí no estaba solo situado en los acuerdos de paz, sino en la defensa de un anhelo de equidad, de no discriminación y de respeto y valor por la diversidad.


*Las posiciones son de las y los columnistas y no representan necesariamente las posturas de la Corporación Descontamina.

 

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