Lecciones de un momento histórico

Kathryn OrcasitaKathryn Investigadora Grupo Ahimsa
Corporación Descontamina
Estudiante de Trabajo Social
Contacto: kathryn.orcasita.benitez@gmail.com
Twitter: @KatOrcasita 

“Se habla del sol, de la luna de las estrellas. ¿Y si no serían más que prejuicios que nos obsequiaron al nacer? Prejuicios contra la posibilidad de su no-existencia. Sea como fuere, ¡que no llegue jamás el momento de abrir los ojos!”

– Junio de 1955, Alejandra Pizarnik

En Colombia, octubre ha iniciado cargado de contradicciones y emociones, convulsionando así la cotidianidad impuesta por la violencia sociopolítica, expresada en casi seis décadas de guerra civil o de conflicto armado interno como propuesto por el Derecho Internacional Humanitario. Este inicio conllevó reflexiones y lecciones aprendidas alrededor de temas como la política, la democracia y la paz, después del triunfo del ‘NO’ en el plebiscito que buscaba refrendar lo acordado en La Habana para así, por fin, dar el siguiente paso en aras de acabar con la horrible noche y empezar a transitar por los caminos de la construcción de la paz, bajo la luz del sol. Así, el 2 de octubre no puede denominarse como el triunfo de la guerra sobre la paz, sino como el triunfo del engaño, la desinformación y el fracaso de la educación en Colombia.

Al finalizar la semana, el viernes 7 de octubre, al abrir los ojos el país se ha encontrado con un Nobel de Paz. Así como cuando el 25 de diciembre al despertar las y los niña/os se encuentran con los regalos debajo del árbol de Navidad, como un premio por el buen comportamiento y como un incentivo para corregir los errores de todo el año, “para no volverlo a hacer”. Sin duda alguna, el galardón de Nobel de Paz dado al presidente Santos por sus esfuerzos en la búsqueda de la paz es un “pequeño empujoncito” para concretar y dar con mayor firmeza el último paso que ponga fin a la guerra con una de las guerrillas más grandes y longevas del país y Latinoamérica.

Ese mismo viernes conversando con dos compañeras de trabajo sobre los últimos acontecimientos en el país entorno al mismo tema, una de ellas hablaba sobre una experiencia que había tenido junto a su hija menor el sábado, un día antes del plebiscito. Mi compañera nos decía que el sábado estando con su hija en el centro de la ciudad, pasó por donde ellas se encontraban una marcha a favor del ‘No’, y junto a la marcha iba un militar con su arma expuesta, asustándola y reaccionando inmediatamente en abrazar a su hija para protegerla con su cuerpo. En ese mismo momento uno de los espectadores gritaba a los marchantes, “Santos Presidente”, “Timochenko Presidente”, entre otras cosas, mientras otro espectador, más joven, lo observaba y decía, “Eso no se puede hacer, es un peligro”. En medio de la tensión y del miedo por lo que estaba sucediendo la niña se soltó de los brazos de su madre y les ha gritado a las y los  marchantes como al señor que gritaba, “Para que sepan, a Santos le quedan dos años de gobierno”, mi compañera decía que en ese momento no supo cómo reaccionar y le ha dicho a su hija que eso no se hacía, que podía ser peligroso debido a la efervescencia  de los ánimos y las emociones, a lo cual la niña le respondió, “No mamá, hay que decir lo que se piensa”. Ante ese comentario tan lleno de verdad e inocencia mi compañera reflexionaba y decía: “Es cierto, es necesario tomar parte ante lo que sucede, y no quedarse callado”. Así es como con pequeñas acciones y apreciaciones llenas de inocencia, simpleza y tanta verdad, son las y los niños lo que nos van mostrando el camino a los adultos para la consecución de la paz, pero no les hemos prestado la atención suficiente, no les hemos escuchado por estar empeñados en seguir matándonos de cualquier forma posible.

Ese mismo día, estaba en la parada de transporte que se encuentra en una de las entradas laterales de la Universidad Cooperativa de Colombia (UCC). En la esquina se encontraban tres hombres conversando sobre los mismos temas que tienen convulsionado al país. Uno de los hombres decía que así hubiera ganado el ‘SÍ’ y fueran a la cárcel los altos mandos de las FARC, los que serían amnistiados y los que “quedaban por ahí” terminarían conformando otro grupo armado, como ya había sucedido antes con los grupos paramilitares, y así nunca habría paz, mientras los otros dos hombres intentaban hacerle  comprender la importancia de la oportunidad que por desinformación se estaba desaprovechando. Seguí escuchando pero después de un rato decidí acercarme para escucharlos mejor, y así, no me aguanté en pedirles que me dejaran participar en la conversación, a lo cual me respondieron con gran aprobación.

El mismo señor que decía que nunca iba a haber paz en Colombia afirmaba también que habían algunos puntos de los acuerdos que debían ser renegociados, yo le pedí que me dijera cuáles son esos puntos, y tras varias evasiones le pedí que por favor respondiera a mi pregunta, al no tener una respuesta le pregunte si había leído los acuerdos, su respuesta fue negativa, no los había leído. También me decía que no era necesario leerlos, porque todos ellos, tanto las FARC como el gobierno son corruptos, y que en los acuerdos se hablaba de la mal llamada “ideología de género” y que por eso las iglesias habían votado al ‘NO’. Debo decir que sus respuestas me tomaron por sorpresa, pues al reconocer que no había leído los acuerdos seguía diciendo que en ellos se “decía”, a lo cual le respondí preguntando sobre cómo podía hablar de algo que no había leído y estar en contra de ello, mientras él se mantenía en que no había necesidad de leer.

Ante las apreciaciones del señor, uno de los otros dos hombres que estaba con nosotros le preguntó si había salido a votar el domingo, su respuesta fue negativa una vez más, no había salido a votar porque él piensa que todos son corruptos y nada va a cambiar. En ese momento decidí preguntarle si había leído la Constitución Política, y si sabía que ésta le otorga el poder como ciudadano para decidir sobre el futuro del país, su respuesta me desalentó un poco más, me dijo que sabía que tenía poder como ciudadano y que sí había leído la Constitución “pero algunas partes”. Luego, volvía al tema de que Colombia se transformaría en Venezuela, que tan solo me diera cuenta de los países que respaldaron el proceso de paz. Entonces, en ese momento decidí hablarle sobre el contenido de los acuerdos de paz, en especial el primero de ellos, sobre la reforma agraria integral, él me respondió diciendo que ese acuerdo no era necesario, porque el Estado y el Gobierno eran los responsables de garantizar los derechos y no lo hacían que entonces así no se podía esperar nada.

Luego entró a la conversación una señora que dijo, “El problema del plebiscito fue que había mucha confusión”; le pregunté si había leído los acuerdos, su respuesta fue negativa, pero a comparación del señor me dijo que ella no sabía dónde podía encontrar los acuerdos para leerlos y que como ella, así habían más personas, entonces, le pregunte si había visto en televisión los comerciales que hablaban sobre los acuerdos, su respuesta fue positiva, pero también me dijo que no había entendido y que, por ese motivo, no había salido a votar, además porque no tenía dinero para viajar hasta donde le tocaba votar. Finalizando la conversación la señora dijo, “Para que cambien las cosas en el país es necesario que cada persona cambie su forma de pensar”. Sin duda alguna fue una bella manera de cerrar la conversación, y debo decir que fue una conversación llena de contradicciones, desinformación y sobre todo muchas pasiones.

Durante el transcurso de la semana estuve buscando las respuestas que me ayudaran a comprender lo que estaba sucediendo en el país, más allá de lo que dicen los medios de comunicación y de mis propias ideas ya formadas, por lo cual las palabras de la señora fueron reveladoras para mí. Sus palabras tanto como las del señor, que no le ve importancia a la lectura, dan cuenta de que la polarización en la cual se encuentra inmersa la población estuvo alimentada por la desinformación, las justificaciones ideológicas y la distorsión de la memoria sobre el origen, las causas y la continuidad de la guerra, que caracterizaron la campaña del ‘NO’, por lo que a su vez, la baja calidad de la educación, profundizó esta situación, por lo cual vale traer a colación las palabras de Martha Nubia Bello[1] cuando dice: “En la guerra el pensamiento se empobrece, se vuelve perezoso, de manera que resulta más fácil y cómodo no ver, no oír, o si nos obligan a hacerlo, adjudicar el mal a los otros. Al destino o a Dios.”, para decir así que es importante entender que existe una corresponsabilidad entre las y los ciudadanos y los representantes en el gobierno sobre el futuro del país.

Así pues, las mayores lecciones que nos deja este momento histórico son: primero, se necesita una transformación del sistema educativo, en donde sea más importante leer para poder comprender el mundo y el medio en el cual nos encontramos inmersos y no como un requisito para pasar un examen o para salir a trabajar. Segundo, es necesario que en los currículos académicos tanto de los colegios como de las universidades se eduque en democracia y política a través del estudio de la Constitución Política, reconociendo y devolviéndole así a las y los ciudadana/os su condición de sujetos de derechos capaces de tomar parte en las decisiones sobre el futuro del país y; tercero, es importante reestablecer las relaciones sociales, basadas en el diálogo, el contacto y el reconocimiento del otro/a por encima de las relaciones virtuales, ya que es importante que perdamos el miedo al contacto con las otras personas. Cuarto, el miedo, el dolor y el desaliento necesitan de una nueva vitalidad, y ésta vitalidad nos la pueden dar las y los niña/os con su sabiduría infantil, las y los jóvenes como a su vez los saberes ancestrales de nuestras comunidades afrodescendientes e indígenas, sobre todo en aspectos como la transformación de los conflictos; quinto, es esencial que se transformen los esquemas de relaciones basadas en la violencia, e incluso las identidades establecidas por la guerra, rompiendo con la idea de un enemigo interno y del otro o de lo diferente como una amenaza. Finalmente, es fundamental trabajar en la comprensión de los conflictos después de la postguerra o del postconflicto armado, ya que los problemas que los originaron no van a desaparecer, lo que cambia es la forma en la que se persiguen los objetivos para llegar a su transformación, en este caso, no por la vía de las armas sino por la vía política, de las ideas y los argumentos.


[1] Bello, M.N. (2014). Daños, devastación y resistencia. En: Desde el Jardín de Freud Revista de Psicoanálisis. Recuperado de: http://www.revistas.unal.edu.co/index.php/jardin/article/view/46124/47701


*Fotografía de portada: Pedro Ruiz, artista colombiano

**Las posiciones son de las y los columnistas y no representan necesariamente las posturas de la Corporación Descontamina.

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