La violencia, el fracaso de la independencia

José Fabián Bolívar DuránDSCN1470
Investigador Corporación Descontamina
Contacto: josebolivarduran@gmail.com
Facebook: @JoseBolivarD
Twitter: @josebolivard

Hoy, 20 de julio, una vez más y desde 1873, se celebra la fiesta de independencia en Colombia: un desfile militar y una ceremonia religiosa, como siempre, son las principales actividades con las cuáles se conmemora esta fecha. Armas y religión para festejar, elementos que por excelencia vinieron del proceso de colonización y que, aunque conserven ciertos privilegios en materia de los supuestos beneficios que brindan, han sido determinantes en perpetuar la opresión y la violencia en Colombia.

Dos días después de la aprobación del plebiscito que fortalece la esperanza de paz que se vislumbra frente al desarme de las Farc, se sigue celebrando con armas una independencia nacional. Desfiles militares que cierran calles y el espacio aéreo por horas, intentando demostrar un control de la fuerza, de las armas y del territorio, control que nunca se ha tenido. Tanto es así, que hoy se está negociando: con las armas no fue posible, lo que era obvio. Las armas solo han traído décadas de conflicto armado, millones de desplazados, miles de muertes, dolor. Sin importar las manos de quién las tenga: la violencia es violencia, venga de donde venga.

La religión como institución, por su parte, es la máxima representación de la aniquilación de la diferencia, del exterminio de la diversidad, de la legitimación de un pensamiento occidental que pretendió con violencia ser el único, el erudito, el insuperable. Celebrar con una ceremonia católica un proceso de independencia, es seguir exaltando y validando una forma única de representación espiritual, intelectual y por lo tanto cultural, que continúa haciendo daño. Ayer la tortura de “brujas” y herejes, los tratos inhumanos a indígenas y afrodescendientes; hoy, la estigmatización y exclusión por diversidad de géneros, la peligrosa satanización del aborto, la dicotomía de unos “buenos” y otros “malos”, donde esos “malos” deben desaparecer, así sea a la fuerza. Y obvio, a manos de los “buenos”.

Hoy la esperanza de paz se asoma, pero se perpetúan prácticas de violencia y opresión. Hoy pensamos en una Cátedra de la Paz, pero las niñas y los niños siguen creciendo con la idea de que son las armas las que dan la seguridad: no el diálogo. Hoy se habla del respeto por la diferencia, pero las prácticas religiosas siguen permeando un Estado supuestamente laico que debe garantizar derechos, no postulados morales. La historia de un florero. La historia de un florero que dio una supuesta independencia, independencia que hoy se celebra con los mismos esquemas de opresión.

La colonización, desde sus modelos culturales, militares y económicos de ocupación, institucionaliza la violencia del más fuerte. Y esto en Colombia está presente: se evidencia hoy, 20 de julio. Una cultura que sigue legitimando la existencia de un pensamiento único, de lo “erudito” como única opción, de la invisibilización de saberes locales, de pensar que las armas otorgan seguridad, de querer que la religión se haga ley, requiere de forma urgente marcos de deconstrucción que permitan que dicha cultura no legitime la marginalización, la violencia.

Columna 27

Fuente: http://www.pulzo.com

Ahora bien, la existencia de unas fuerzas militares que se siguen mostrando como la solución a un problema del cual ellas mismas hacen parte, la idea de heroísmos construidos desde relatos de violencia, la legitimidad que se sigue dando a un grupo armado que por ser el estatal, puede seguir matando con el eufemismo “dar de baja”, requiere una reestructuración para abandonar la idea de que éste mismo nos da la independencia.

Y, finalmente, esquemas económicos terratenientes provenientes de la colonización que legitiman que 2.300 personas tengan el 53.5% de la tierra en Colombia, como lo advierte Thomas Piketty, o formas de producción neoliberal que hoy hacen que incluso nos sintamos culpables por no tener, tener y tener, pues como lo advierte Byung-Chul Han:

“Quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace a sí mismo responsable y se avergüenza, en lugar de poner en duda a la sociedad o al sistema. En esto consiste la especial inteligencia del régimen neoliberal […] En el régimen neoliberal de la autoexplotación uno dirige la agresión hacia sí mismo. Esta autoagresividad no convierte al explotado en revolucionario, sino en depresivo.”

Descolonizar las mentes, descolonizar la cultura, descolonizar lo que tengamos que descolonizar para dejar de pensar que las armas y la religión, como institución, nos protegen. Después, podremos empezar a pensar como podremos ser independientes, libres. Celebrar la independencia con armas y con religión, solo denota la continuidad de la dependencia, de una dependencia que ya viene contaminada con violencia. Cuando la diversidad tenga la voz principal en las celebraciones y cuando la noviolencia sea el orgullo nacional, nos acercaremos a ser independientes.

 

 

 

 

 

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