PENSAR Y SENTIR PARA EXPANDIR EL AULA

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Por: Iván Rodrigo Cabrera Manrique

“¿Quién eres?” Es una incógnita que resulta difícil de afrontar debido a la profundidad que genera en nuestras bases argumentales. Tan inquietante que permite el quiebre reflexivo de quien en ella ahonda, comprometiendo al cuestionado en la búsqueda del saber, en tanto comprometa información en el cuestionamiento. Pregunta grande, difícil, no por nada es uno de los pilares interrogativos que cimientan el quehacer filosófico. Imagínese ahora preguntarse ¿quiénes somos?

Decir que la construcción del conocimiento, incluyendo por supuesto el autoconocimiento, es una tarea relegada al sistema educativo, no resulta tan descabellado teniendo en cuenta la opinión popular, pero hemos de acordar que el saber se presenta de tantas formas, de tantas maneras, en tantos espacios y en tan distintos momentos, que pretender encerrarlo en un aula de clase, resulta ingenuo. Sin embargo, es innegable que en la institución educativa hay más de una oportunidad importante de construir el mundo soñado, desde adentro hasta fuera de sí.

Para afrontar el “¿Quién somos?” y construir conocimiento respondiéndonos a partir de lo poco o mucho que sabemos de nosotros, es preciso realizarnos otros cuestionamientos, por ejemplo, acerca de cómo vivimos, que hacemos, qué nos gusta, qué esperamos. Qué queremos.

Generalmente se recuerda los años de colegio o de escuela con alegre nostalgia, pues en pocos lugares se quiere como en la institución educativa, en pocos espacios querer significa tanto. Es por eso que la academia, llámese escuela, colegio, institución educativa o universidad, debe por sobretodo, ser un espacio para aprender a querer. Querer de desear y de amar.

No por nada, Maturana al inicio de su obra El Árbol de la Vida, cuestiona la autocomprensión de la naturaleza humana, teniendo en cuenta la praxis del ejercicio político en la actualidad, enfatizando en su procedimentalidad. Y más aún, resalta la conciencia como el centro de la capacidad humana para orientar acertadamente el desarrollo evolutivo; es a esto a lo que se refiere cuando menciona el darle utilidad a la conciencia en el proceso evolutivo. Sino ¿para que desarrollamos el pensamiento?

El pensamiento y el sentimiento son los dos pilares sobre los que se cimienta la acción; acción como la capacidad de hacer cosas. Cuando se habla de la vida de un individuo, en realidad se está hablando de todas las acciones hiladas que este pudo realizar; y ya que el ejercicio educativo es un ejercicio de contextualización para la construcción optima de las vidas que se educan, debe ser la sensación consiente o la conciencia sentida una pista importante del quehacer educativo.

Si bien la conciencia nos permite comprender los fenómenos lógicos que participan en la construcción social, esta no es, necesariamente, un pase directo a la ideal práctica de la vida humana, pues el rol que juega el cerebro individual en la construcción cotidiana se ve condicionado por el proceso de adoctrinamiento de imitación conductual que llamamos educación. Para burlar este fenómeno al que Maturana llama Tautología cognoscitiva apela a la generación de emociones como el cohesionador que nos lleve en grupo, a la autoconcepción como especie y advierte en ella una pista que nos permite concretar características de nuestra naturaleza. Así, nos habilita la relación con el entorno lejos de la propia racionalidad, que ha sido permeada por las racionalidades de otros, que han sido permeadas por otras racionalidades, etc. Maturana habla de darle participación al sistema nervioso de los individuos -en relación con el mundo- en la proyección de la evolución humana.

¿Cómo no darle cabida en el sistema educativo a algo que tiene tanto poder sobre las personas y su capacidad de construir conocimiento como sus propias emociones?

Reconociendo la imposibilidad para responder desde el enfoque tradicional de las ciencias naturales acerca de cómo opera nuestra propia naturaleza, Maturana plantea tres interrogantes ¿Cuál es la organización de todo ser vivo?  ¿Cuál es la organización del sistema nervioso? y ¿Cuál es la organización básica del sistema social o cuales son y como surgen las relaciones sociales conductuales que dan origen a toda cultura?

Pese a que hemos llegado por medio del recto método científico a comprender la fenomenología y las afectaciones en nuestra mirada sobre el mundo; debido al funcionamiento biológico de nuestro cerebro, al releernos sesgamos las posibilidades de comprendernos, al intentar hacerlo de una manera racional y desconociendo nuestra emocionalidad ¿Para qué conservamos nuestra amígdala cerebral, fuente de la emoción?

Comprender desde la pura racionalidad cómo se produce las emociones en nuestro organismo, nos ha hecho insensibles a la sorpresa del misterio de sentir. Sin embargo, al percibirlas inadvertidamente en la cotidianidad las percibimos como una experiencia de carácter espiritual por su indescriptibilidad. No pierde lo hermoso el arcoíris por comprender que los colores que luce son producto de la descomposición lumínica. La construcción de conocimiento en la escuela debe generar emociones, ¿como no se va a sentir cuando se descifra el mundo?

A lo largo del Paradigma Emergente, obra de Miguel Martinez Miguelez, se propone la posibilidad de una ciencia que se no base únicamente, ni herméticamente, en la cuantificación de la realidad, que incluya calidad de las relaciones de las cosas percibidas como experiencias de ellas. Reflexiona sobre el método científico y la posibilidad de articularlo con prácticas de carácter fenomenológico. Invita en su libro más que a un cambio en el paradigma, a reconocer un nuevo paradigma que permita articular lo sabido con lo sentido y aun así ser considerado método científico. Todo esto lo plantea como una necesidad que permita comprender de manera más amplia lo anteriormente comprendido, a la luz de nueva información que no ha sido considerada. ¿Nos faltará articular aspectos vivenciales para entender nuestra naturaleza? Comprender nuestra naturaleza humana debe ser el punto de partida de todo conocimiento ha construir.

La posmodernidad es el re-flexionamiento consciente que objeta lo establecido para demandar un nuevo orden de integridad, lo posmoderno se piensa y lleva a cabo como la superación de lo que se presume, que es más amplio que lo ya instaurado. Hay que darle valor a lo desconocido, reconocer lo que sí conocemos de nuestra naturaleza y especular conscientemente lo ignorado, si bien nosotros podemos comprender la manera en que sucede nuestra sociedad, podríamos comprender la construcción global en la que nuestra cultura es solo un sujeto con su propia identidad. Ello precisa desesquematizarnos un poco, salir de las fronteras del mundo conocido, más allá del tiempo, la masa y el espacio -propuesto en la física clásica- y proyectar lo sabido para deconstruirlo y asumirlo. Martinez, sobre todo invita al uso de la conciencia plena a la hora de interpretar lo conocido y considerar la manera en que conocemos. Las instituciones educativas cuya razón de ser es velar por la construcción del saber, deben estar dispuestas a explorar para declarar conocido lo desconocido, ir más allá y superar ese conocimiento, conocerle aún más. Debe hacer conciencia de la incidencia que generan en la construcción social, dándole cabida a las personas, sin sesgar sus emocionalidades, para participar en el mundo que se hace con individuos íntegros, y así, verdaderamente, transformar contextos.

La razón de este nuevo paradigma propuesto debe ser lograr un todo integral, universal y coherente, que permita la “satisfacción” en el momento de contemplar el panorama. No podemos identificar nuestras características si a la hora de autoconcebirse se sesga la visión de sí mismo. Por eso es necesario desarraigarse de la seguridad de lo supuesto y darle validez a lo imaginable, cavilar lo ignorado y expandir el paradigma. Y así, ampliar el aula para que quepan no solo el pensamiento sino también las emociones.

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Lumen / Editorial Universitaria, Humberto Maturana y Francisco Varela. El Árbol del Conocimiento, 1984.
  • Gedisa, Miguel Martinez Miguelez. El Paradigma Emergente, 2003.

 

 

 

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