Crónica de una ley anunciada

Gala

Gala Kreisler
gala.kreisler@gmail.com

 

 

Columna originalmente publicada en Primera Generación

A diferencia de las otras dos grandes marchas del feminismo: el paro general de mujeres y la marcha del NI Una Menos; las cuales se pretendían exclusivas para mujeres y disidencias, esta vez la convocatoria fue mixta. Dicho llamamiento puede tener que ver con la no identificación de un género específicamente como cómplice de la denuncia, sino que esta fue levantada por la sociedad en su conjunto; pero al mismo tiempo, con una configuración particular que ha alcanzado una alta recepción en los sectores juveniles, más proclives a abrazar la consigna del acompañamiento sin desplazar el eje de la movilización: las pibas.

Así, la plaza del Congreso amaneció vallada y dividida: a la izquierda del edificio histórico se congregaron los autodenominados “pro Vida” o “pro derechos”, también denunciados como “pro-clandestinidad” bajo la consigna “Salvemos las dos vidas” enlazada en pañuelos celestes; mientras que a la derecha se ubicaron las organizaciones “pro elección” o “pro aborto”, enlazadas en los ya característicos pañuelos verdes que desde hace años acompañan la Campaña Nacional por la Interrupción Legal del Embarazo. Se trata de un dato no menor, puesto que en los últimos años la organización ha sostenido la misma consigna “Educación Sexual para decidir, Anticonceptivos para no abortar, Aborto legal para no morir”. Entonces ¿Qué es lo que ha cambiado y que hizo que esta vez la formulación del problema alrededor de la temática no se haya vinculado al “aborto sí o no” sino a “aborto legal o clandestino”?

Cuenta regresiva

Alrededor de las 12 horas comenzaron las primeras exposiciones dentro de la Cámara de Diputados, mientras la plaza comenzaba a llenarse, pero no de forma pareja. Lo que había circulado por Whats App como una paridad de “supporters” a favor y en contra de la sanción de la ley, previniendo los posibles encontronazos entre ambos “bandos”, no fue tal: desde temprano la convocatoria de la denominada “marea verde”, expresión que se usa dentro del colectivo feminista y que también resonó entre las exposiciones de los oradores, superó ampliamente a la de los “pro vida”.

Durante la tarde continuó ininterrumpidamente la exposición de algunos de los 257 diputados y diputadas, mientras que afuera se desplegaba una organización que remitió a los Encuentros Nacionales de Mujeres: desde hacía dos o tres días había circulado en redes sociales un cronograma muy detallado y diverso sobre las actividades que se llevarían a cabo en la docena de carpas instaladas sobre la calle Entre Ríos. Alrededor de las 18 horas la calle colapsaba de mujeres y algunos hombres que con cantos, banderas y bailes otorgaban al evento su mística característica. Palabras como sororidad, alegría, poder y lucha brotaban de los rincones de cada carpa y se oían al pasar en las conversaciones. Fuera del Congreso se vivía una verdadera fiesta.

El día de su asunción en diciembre de 2015 Mauricio Macri denunció que debía ser por el mal clima la poca convocatoria a su inicio de mandato, sin embargo, parece que esta premisa no aplica a las marchas feministas. Una vez más el frío acompañó toda la jornada, pero no impidió que centenares de manifestantes se ubicaran en la esquina de Rivadavia y Callao para observar la pantalla gigante que transmitía en vivo la exposición de los diputados. En el otro extremo de la marea feminista se erguía un escenario, por el cual desfilaron numerosas artistas en un cronograma prolijamente organizado y difundido.

La tarde noche transcurría entre el chequeo casi permanente de las páginas que ofrecían un “poroteo” de la votación y la visita a los escenarios para recuperar algo del calor perdido. Equipado con mantas, termos y mates, un numeroso grupo no podía desviar sus ojos de la pantalla, acompañando con aclamaciones o insultos que se mezclaban con cada una de las exposiciones, según se posicionaron los oradores a favor o en contra del proyecto de ley.

Dado que el lenguaje es una construcción social y como tal, reproductor del orden establecido, las tradicionales puteadas se expresaban como “hijo de yuta”, “ingeniero mal desarrollado”, o el popular “que aborto se perdió tu vieja”.

Algunas exposiciones lograban arrancar aplausos, gritos y vítores: eran aquellas que aludían a las miles de personas que, siendo las 3 de la mañana y con una sensación térmica de 3 grados continuaban con la vigilia. Sobre Rivadavia se formaron grandes rondas, convocadas por fogatas, donde la conversación estaba signada por las organizaciones políticas y sociales que allí se congregaban, algo alejadas de la pantalla.

El aguante y la infamia

Durante las exposiciones, hubo algunas sorpresas. Diputados del radicalismo modificaron su voto e inclinaron definitivamente la balanza a favor de la ley, pero afuera de recinto eso no podía percibirse. Solo se sabía, por rumores que llegaban “de adentro”, que la discusión se dilataba esperando que las personas que sostenían la vigilia se retiraran a sus casas, agotadas. Eso no sucedió, la cantidad de asistentes se mantuvo pareja hasta las 10 de la mañana del día de hoy, cuando finalmente se votó la ley. Lo que ignoraban aquellos especuladores es que las mujeres, tradicionalmente, estamos acostumbradas a aguantar; incluso en contra de nuestro propio beneficio.

El debate parlamentario osciló desde la argumentación moral o religiosa hacia la empírica científica, en todos los casos generando una respuesta de quienes las oían atentamente.  Las más repudiadas tuvieron que ver con comparar a las personas gestantes con perritos o marsupiales, hablar de grupos comando y considerar la apropiación de bebés durante la dictadura militar como una práctica mejor que el aborto porque al menos no terminaban con la vida en gestación.

Cada tanto aparecía el cuestionamiento sobre la representatividad: ¿Qué podían saber hombres y mujeres que no estaban ni remotamente cerca de abortar (algunos por una cuestión física, otros por convicciones propias) que les permitiera decidir sobre ese derecho? A menudo quienes votaban a favor de proyecto aclaraban que como legisladores debían anteponer el bien común a sus propios intereses.

Ya sea que optaran por una u otra línea, lo cierto es que a la hora de la interminable votación primó la elección por la despenalización y legalización de la interrupción del embarazo. Hasta último momento no se sabía cúal sería la definición. Entonces ¿Por qué el título de este artículo reza que se trata de una ley anunciada?

Porque se dijo que estábamos pariendo una ley, y en eso somos expertas. El trabajo de parto incluyó la incorporación de los más diversos sectores en la difusión del discurso, el cual fue ampliamente enarbolado por figuras de alta exposición pública, quienes lograron una favorable instalación en la agenda mediática, gubernamental y social; contribuyendo a modificar la espiral del silencio que el sentido común había construido en contra de la interrupción voluntaria del embarazo; corriendo el eje de “aborto si o no” a “aborto legal o clandestino”.

¿Por qué entonces la vigilia, si el resultado estaba asegurado? Porque ya se había ganado en las calles, pero no necesariamente en el recinto. Era necesario superar los sesgos producidos por la tradición impuesta por el sistema heteropatriarcal y poder hacer valer ni más ni menos que el derecho a la libre elección sobre qué queremos hacer con nuestras vidas al ser cuerpos gestantes. Allí donde el sistema oprime más fuerte, en el fuero íntimo de cada una de las personas destinatarias de este derecho. “La maternidad será deseada o no será”, rezaban los carteles que se multiplicaban entre el glitter y las frazadas, los abrazos y las palabras de aliento.

La alegría no es solo brasilera

A eso de las 9 de la mañana finalizaron las exposiciones, que dieron lugar a los últimos discursos esbozados por los y las referentes de bloques. Sorprendió el de la diputada del Pro, Silvia Lospennato, evidenciando cómo el feminismo había logrado lo que nunca antes desde que gobierna la alianza Cambiemos: la ruptura de los bloques y hasta el aplauso de la bancada kirchnerista a Fernando Iglesias.

A las 10 no quedó más remedio que hacerse cargo y votar. Un primer resultado evidenció una diferencia superior a lo esperada, aparentemente debido a un error, luego corregido pero que no pudo impedir lo inevitable: como una ola expansiva, quienes habían estado aguardando ese momento desde hacía más de 22 horas, y otros que se fueron incorporando, estallaron en un grito unívoco, certero y efervescente. La ley que autorizaba la interrupción legal del embarazo había nacido, y con ella la institucionalización del feminismo como movimiento de masas.

Y no solo eso, sino que hasta ahora, el de las pibas es el único que ha podido hacer frente a un gobierno neoliberal y privatizador. El único agente que pudo arrebatarle un derecho a los expropiadores seriales, el único que logró atravesar las barreras partidarias, surfear la ola y posicionarse como resistencia. El primero en hacerle un paro general al oficialismo, marcando la agenda de los demás actores. ¿Qué es ese “no sé qué” que tiene el feminismo, que arrasa con todo lo que encuentra a su paso, que logra instalar sus consignas aún entre los más diversos receptores, que a pesar de ello no pierde fuerza? ¿Qué hace que sin tener una dirigencia consolidada o visible en el sentido tradicional en que es concebida la política pueda articular efectivamente sus demandas y mantenga el impulso en sus acciones?

Ninguno de estos interrogantes tiene una sola respuesta ni unívoca, pero sí dejan en claro una cosa: el feminismo llegó para quedarse. Dependerá de los partidos tradicionales poder adaptarse a la nueva lógica propuesta, surfear la ola, deconstruirse y mantenerse o perecer ante el avance de una ola que no para de crecer.


*Las posiciones son de las y los columnistas y no representan necesariamente las posturas de la Corporación Descontamina.
**Fotografía de la portada :  Abortion Right

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