Crónicas de Ubud, Bali

el

 

Priscyll Anctil AvoinePhoto para página descontamina_Priss
Investigadora
Corporación Descontamina
Email: priscyll.anctil@gmail.com
Twitter: @Cyppp_

 

Por un momento, en Ubud, en la isla de Bali en Indonesia, respiré Colombia. Los verdes de sus campos, guardan las mismas tonalidades. Ese verde limón luminoso y otras declinaciones de verdes oscuros, que desdibujan las formas de las plantaciones. La potencialidad de los campos de estas latitudes, y la creatividad de sus pueblos. Reviví paisajes colombianos, pero ésta vez sin el temor a la violencia, las minas antipersonal, el miedo de caminar por la selva lujuriante.

Los paisajes balineses cortan el respiro por su belleza y tal vez más por la calma y la paz. De cada pequeño rincón, sale un templo con una arquitectura resplandeciente, incluso en medio de la selva. Recordé tanto Colombia, en los sentires, en los olores, en la sonrisa de la gente, su amabilidad. Aquí se sustituye el “a la orden” por el “terima kasih” con las manos juntas, en forma de oración a la altura del corazón. Las y los balineses agradecen mucho, siempre hacen ofrendas: cada mañana, salen al templo (o pequeño sitio de ofrendas) a dejar lo que tienen para empezar el día agradeciendo. Las mujeres tejen estos pequeños platicos cuadrados, porque ni una mañana puede faltar. Me lo contó una señora; las ofrendas son partes de su delgado presupuesto mensual, pues ella tiene que pensar cómo pagará colegio, salud, comida y ofrendas, sabiendo este agradecimiento fundamental a su vida.

La señora me contó que los salarios son muy bajos aunque se trabaja mucho; ella no quiere mucho a su jefe por lo que no le da mucho porcentaje de las ventas. Y pensé en todas las mujeres colombianas que viven situación de precariedad económica, política y cultural. Pensé en su fortaleza y sentido de responsabilidad con sus familias. Y cuando ella me contó que tuvo que pedir prestado a familiares y al banco para pagar la operación de su marido, pensé en la vulnerabilidad que vienen con un sistema de salud privatizado, pensé en millones de colombianos y colombianas que viven lo mismo.

Pero sonríen todos los días, pensando en Colombia, con la alegría de la gente y con la creatividad, la vitalidad. Lo pensé cuando probé los jugos de frutos de dragón – así llaman la pitaya – y cuando comí más banano en una semana que en todo un año porque lo cuelgan, lo usan en la sopa, lo fritan, lo hierven… Recordé Cúcuta con los puestos improvisados de gasolina – los llaman bensine – a veces hay un mecanismo, otras veces simplemente la echan en unas antiguas botellas de vodka… Dicen que existen las “reales” gasolinas aunque no las he visto. Cuando pregunté por la legalidad, dijeron que ¡“sí, creo que es legal, pues no veo qué no es legal”! Sonreí. Y pensé aún más en Cúcuta. Me acordé de Bucaramanga, con las miles de motos fugaces y omnipresentes, pues, en las ciudades donde he ido en Bali, las personas se desplazan sobre todo en moto y además, hacen lo mismo, ¡moto taxis! También aquí hacen esta cosa inexplicable de poner cascos a los papás y mamás, pero no a los hijos. También aquí son muy hábiles para insertar el celular entre el casco y la oreja, para hablar en la cacofonía de las calles.

Recordé que lo que hizo mi estancia en Colombia tan hermoso, fue la confianza de que iba a ser un lugar que me iba a encantar, confianza en la gente, confianza en lo que se puede experimentar. Sentí lo mismo en Bali: la confianza es la base del viaje. Y vale también y aún más para las mujeres que viajan solas.

Indonesia tiene unas problemáticas muy grandes – complejidades políticas, corrupción, pobreza, afectaciones diversas por inversiones extranjeras y turismo, etc. para más detalles ver esta entrada del Borgen Project – pero salió de una dictadura terrible que la tenía asfixiada. Y pensé mucho en Colombia. Y espero que en los campos, se erigen templos que difundan la paz, en lugar de cazar las minas; espero que se cuenten las historias de las víctimas, y que se sienta el verde esperanza en sus campos.


*Las posiciones son de las y los columnistas y no representan necesariamente las posturas de la Corporación Descontamina.

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