La paz como contraescuela a la guerra

Kathryn OrcasitaKathryn
Investigadora Grupo Ahimsa
Corporación Descontamina
Estudiante de Trabajo Social
Contacto: kathryn.orcasita.benitez@gmail.com
Twitter: @KatOrcasita 

“[…] lo más normal es que cuando a un niño de siete, ocho, nueve años le asesinen al papá, se lo degollen, se lo decapiten, se lo desaparezcan, es más fácil ¿decirle o que está de viaje, o que se murió?… No le explican que estamos en una guerra, que él murió en una guerra. Sin embargo, tampoco hubo cómo decirle a la madre qué decirle al hijo, sabiendo que ni la madre sabía cómo decirle lo que había pasado. Por ejemplo, en el caso mío: mi padre era uno de los que era de la casa al trabajo y del trabajo a la casa, entonces yo cómo me explico que llegue una persona y lo mate, y mi madre cómo se explica para explicarme a mí, entonces cada quien sacaba sus conjeturas[1].”

Las consecuencias de la guerra interna contemporánea en Colombia no solo se reflejan en las pérdidas humanas, económicas y materiales. Son consecuencias de la guerra la desidia, la desesperanza, el miedo, la indiferencia, el odio, el poco respeto por la diferencia y el olvido como espejos de un tejido social fragmentado. Y es que es normal que en una guerra de más de cincuenta años cambien los sentimientos, pensamientos y comportamientos de las personas.

Así, el fragmento del relato de una persona víctima que encabeza este ejercicio de reflexión conlleva a hacerse dos preguntas. La primera, ¿cómo le explicamos a un niño de siete, ocho o nueve años que estamos en una guerra?, es una pregunta compleja, porque si es un niño o niña que la ha vivido y la ha sentido, es fácil decir “estamos en una guerra” y “guerras hay muchas” o decir “pero eso no solo pasa en Colombia”, lo realmente complejo es hablarle sobre las múltiples causas que la generaron y sobre el por qué él o ella es una víctima; al igual, si es un niño o niña que ha vivido la guerra desde lo que muestran los medios de comunicación, cómo le decimos que la guerra en Colombia va más allá de un grupo que es “malo” y otro que es “bueno”. Pareciera que es más fácil hablar de este tema entre personas adultas.

La segunda pregunta es ¿cómo le explicamos también que estamos en un proceso de paz para terminar con la guerra y que hay personas que no están de acuerdo con este? Es otra pregunta compleja, porque no es fácil hablarle a un niño o niña sobre la importancia que tiene esta época sobre el futuro de las nuevas y las siguientes generaciones, sí ese futuro depende de las personas adultas, que conocen y comprenden lo que ha sucedido o lo que sucede hoy en el país. Nuevamente pareciera que es más fácil hablar de este tema entre personas adultas.

Columna 15

Municipio Chima, Santander
Fotografía: Kathryn Orcasita

Sin embargo no es tan fácil hablar de estos temas entre las personas adultas, como parece, porque es fácil decir “estamos en una guerra”, lo que no es fácil es hablar de las múltiples causas que la generaron y las múltiples consecuencias de esta, frente a actitudes mediadas por la mala información que dan los medios de comunicación, la falta de curiosidad y de crítica frente a todo lo que sucede en el país, teniendo así, un país “dividido” entre los amigos y los enemigos de la paz según los medios de comunicación, que a su vez le han asignado representantes a estas dos partes, siendo así el actual presidente Juan Manuel Santos uno de los principales amigos de la paz y el senador Álvaro Uribe  uno de los principales opositores de esta, invisibilizando las otras voces, las voces de las víctimas.

En 1998, Eduardo Galeano[2] refiriéndose a la época que vivimos hoy, mediada por el consumismo, la inmediatez y el importaculismo, decía:

“El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda. En su escuela, escuela del crimen son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación.”

Y si traslapamos esas mismas palabras al contexto de guerra colombiano, vale rescatar el siguiente fragmento del párrafo con que finaliza el capítulo cuarto, sobre los impactos y los daños generados por el conflicto armado del informe ¡Basta Ya!:

“[…] la larga duración de este conflicto armado ha generado una suerte de acostumbramiento social que favorece las explicaciones fáciles y estereotipadas que miles de colombianos y colombianas hacen sobre lo acontecido, y que circulan por los medios de comunicación. La indolencia recae de nuevo sobre las víctimas en forma de una nueva agresión y agudiza su desamparo[3].”

Por otra parte, Eduardo Galeano también decía, “Pero está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contraescuela[4]”, queriendo decir con esto que a pesar de los sentimientos, pensamientos y comportamientos mediados por la violencia, la desesperanza y el miedo hay personas que cada día sueñan con un país diferente, y no solo sueñan, también se han propuesto ser la contraescuela de la impotencia, la amnesia y la resignación.

Así pues, este ejercicio de reflexión pretende a su vez ser un motivo de reflexión, valga la redundancia, sobre lo que decimos, pensamos o hacemos respecto a temas como el conflicto armado o la paz, por lo cual vale preguntarse, ¿Qué sé sobre el origen y las causas del conflicto armado?, ¿Es verdad lo que dicen los medios de comunicación?, ¿Es o no necesario hablar de paz aún en un contexto de guerra, por qué?, ¿Cómo sería Colombia si no hubiera guerra?, ¿Qué sé del proceso de paz?, y finalmente ¿Qué es la paz para mí?, y ¿Cómo puedo yo aportar a la construcción de un país en paz desde mi casa, desde mi barrio, desde mi ciudad o vereda aún en un contexto de guerra?. Y si las respuestas a estas preguntas son negativas o no sabe, acuda a la curiosidad como salida de emergencia o por cultura general.


[1] GMH (2013). ¡BASTA YA! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Bogotá, Colombia: Imprenta Nacional, p.321.

[2] Galeano, E. (1998). Patas Arriba. La Escuela del Mundo Al Revés. Recuperado de: http://www.ateneodelainfancia.org.ar/uploads/galeanoescuela.pdf, p.10.

[3] GMH (2013), ¡BASTA YA! Colombia, p. 327.

[4] Este fragmento hace parte del párrafo al cual corresponde el fragmento citado en la parte de arriba. Véase,  Galeano, E. Patas Arriba, p. 10.

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