Más allá de La Habana y Caracas

Sebastian Correa
Investigador Ahimsa
Contacto: sebaskorrea5@hotmail.com

26 de agosto de 2012 y  30 de abril del 2016, fechas importantes para todas las personas que añoramos un mejor futuro en este territorio llamado Colombia; en la primera se dio  inicio a los diálogos del gobierno nacional con la guerrilla de las FARC-EP y en la segunda se dará paso al proceso con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Sin duda alguna, muchos colombianos y colombianas esperamos recordar estas fechas en nuestra historia, como el primer paso para la construcción de una paz estable y duradera en un país que diariamente ha sufrido, vivido y experimentado las terribles consecuencias de la violencia y la guerra.

El  apretón de manos entre los delegados Frank  Pearl y Antonio García, el cual dio inicio  formalmente a los diálogos entre estas dos partes; es una gran noticia para todas las personas que creemos en la construcción de la paz en Colombia. Vale la pena desatacar que  en este anuncio conjunto, se publicaron 6 puntos a discutir los cuales son: (1) Participación de la sociedad, (2) Democracia para la paz, (3) Víctimas, (4) Transformaciones para la paz, (5) Seguridad para la paz y dejación de las armas y (6) Garantías para el ejercicio de la acción política.

Columna 1

Fuente: El Colombiano

Personalmente, me resulta interesante el punto tres de la agenda, denominado “transformaciones para la paz”, el cual contempla la inclusión de propuestas elaboradas por la sociedad  para construcción de la paz, con el fin de enfrentar problemas como la pobreza, desigualdad, la corrupción y el problema ambiental. Sin duda alguna, el silencio de los fusiles es un gran avance para la construcción de  la paz en Colombia, pero este anhelado objetivo no sólo se debe limitar a esto, pues existen múltiples modalidades de violencia que vivimos a diario y que no serán solucionadas por una firma ya sea en La Habana o en Caracas; por lo tanto, es necesario buscar alternativas gestadas desde los y las colombianos(as)  las cuales conlleven a la construcción de la paz desde una concepción más integral y diversa.

Teniendo en cuenta lo anterior, es necesario mirar con detenimiento el punto tres de esta agenda,  pues desde él, se puede abrir el escenario político a la construcción de una paz integral y con justicia social teniendo en cuenta las opiniones e ideas de los y las colombianos(as) de los diferentes territorios en Colombia, quienes en últimas vivimos diariamente las consecuencias no sólo de un conflicto armado de más de 50 años el cuál debe parar, sino también,  de este sistema político y económico violento y excluyente. La estructura política económica colombiana perpetua la violencia estructural que vivimos día a día, a través de acciones hostiles, las cuales afectan la vida y el buen vivir de todos los habitantes de este país. Por ello, considero que en Colombia no habrá paz sí:  se sigue violando el derecho a la salud en un sistema lento, ineficiente, mercantil y poco humano, en el que dejamos de ser pacientes y pasamos a ser clientes, en el cual no importa la cura de la enfermedad sino las pérdidas o ganancias que podamos generar. Si los niños y niñas de la Guajira, Chocó, Cartagena entre otros lugares, siguen muriendo de desnutrición producto del abandono estatal y la desigualdad social; si el aparato burocrático nacional  sigue robando el dinero de la nutrición de nuestros niños y niñas a través de contratos como sucedió en el Cesar; si no se resuelve el problema agrario y de tierras a los campesinos, indígenas y afrocolombianos quienes se han visto gravemente afectados por este conflicto armado; si el derecho a la educación es negado en un sistema en el cual el ingreso a la universidad sólo es para unas clases privilegiadas y a la par universidades como la del Tolima están a punto del cierre producto de la desfinanciación estatal; si los medios de comunicación  y la clase política tradicional siguen legitimando al paramilitarismo, si el salario mínimo sigue siento un salario de miseria con el que se debe sobrevivir, si se sigue abusando indiscriminadamente de la flora y fauna de nuestro país, entre otras situaciones,  que violan diariamente los derechos sociales y económicos de los colombianos y colombianas, impidiendo de esta manera la construcción de una paz con justicia social.

Es necesario que nos apropiamos de las negociaciones, ahora con dos mesas de conversación, para buscar desde allí iniciativas colectivas que conlleven a la construcción de una Colombia en paz y con justicia social para todos y todas exigiendo nuestros derechos comprendidos en la Constitución del 1991 en su Artículo 1: “Colombia Estado Social de derecho”,  sin embargo, tal y como lo afirman algunas cláusulas contractuales,  parece que Colombia es un Estado social de derecho – aplican condiciones y restricciones.  Por ello, la paz no debe ser comprendida solamente como el silencio de las armas, sino también  implica la trasformación del violento y excluyente sistema político y económico colombiano, el cual debe buscar  la mejora sustancial de las condiciones de vida de todos los colombianos y colombianos, porque hoy, a pesar de los avances en los diálogos, como lo afirma la canción de Oscar Gómez (campesino embejucado) en Colombia “que joda arrecha resulta querer vivir uno en paz”.

Sebastian Correa
Investigador Ahimsa
Contacto: sebaskorrea5@hotmail.com

 

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