Una ciudad sin piropos

el

Priscyll Anctil Avoineyo
Investigadora
Corporación Descontamina
Email: priscyll.anctil@gmail.com
Twitter: @Cyppp_

Esta semana, estuve en Singapur para a 3rd International Conference on Public Policy y, aunque se dieron unos intercambios académicos muy interesantes, hoy quiero hablarles de los piropos. Porque, los piropos son una forma más de acoso callejero y en Singapur, no lo viví. Primera vez en mi vida – y seguramente, en la vida de muchas mujeres.

Primero, debo admitir que reservé muy tarde mi hotel y, como Singapur es muy cara, pues terminé escogiendo un lugar que estaba situado directamente en la calle del “Red Light District” de la ciudad: comprendí pronto que estaba en medio de las casas de prostitución. Lo comprobé por lo que cada casita tienen un número iluminado en rojo, varias de éstas también tienen dibujos de siluetas de mujeres, siempre muy decentes y sobrios en el diseño. Ellas por su mayoría vienen de otros países de la región (nos imaginaremos los porqués y las razones ya que el racismo estructural convive bien con el patriarcado y el capitalismo, pero será tema de otra columna). Todo se desarrolla con mucha calma; durante el día, los hombres (los mismos que, la noche entrante, montan la “guardia” en las entradas de las casas) ponen las sábanas blancas a secar en unos tenedores blancos y, por lo que vi, parecían también doblar las toallas. Al final de la tarde, las chicas están, se preparan, sus tacones agenciados con sus bonitos vestidos, y muchas de ellas fuman, algunas cantan, y muy bonito. Luego, cuando empieza la noche, se iluminan más las casas, se vuelven más rojas, intensas. Y llega la noche, y empiezan a aparecer los usuarios – por lo que vi, eran hombres – quienes tienen claramente poder económico por los carros que pude ver. Pero no se escuchan muchas voces, ni tanto ruido.  Dicen que en Geylang, se da la prostitución de bajo costo comparativamente con otros barrios más lujosos de la ciudad. Pero ni un piropo.

En mi primera noche, pregunté al señor – lo admito, un poco ignorante sobre la situación del país – del hotel si era seguro para mí andar sola desde el metro hasta el hotel. En su respuesta se denotó una mezcla entre la ofensa y la sorpresa: “obvio, Singapur es muy segura”. Siempre hay que creer a la gente local, así que lo creí, y me fui por una copa de vino. Y pues sí, Singapur es muy segura. Y durante una semana, ni un piropo, ni un acoso, ni una palabra que sobra, ni un silbo. Nada. Libertad de caminar, incluso donde habían obras y alta presencia de hombres (piensen en la misma situación en su país). Y no es que me podía camuflar mucho desde el punto de vista físico…

Singapur me sorprendió por su orden, decencia y calma a pesar de ser una gran ciudad comercial donde casi todo es posible. Y no haber sido ni una vez abordada mientras he estado caminando completamente sola a todas horas del día. Habrán muchos matices, pero cabe la pregunta: ¿Es Singapur una ciudad que vive sin piropos? En todo caso, el aprendizaje es el siguiente: es posible crear espacios donde ser mujer no signifique ser objeto de deseo 24 horas al día, es posible no tener que rebajarse a gritar piropos para probar su “hombría”, es posible condenar los piropos por lo que son, acoso callejero.

Y de paso, festejaban el 1er de julio, el amor libre. Y el amor libre pasa también por el rechazo de un lenguaje violento hacia la otra y el otro. Observen la pluriversidad de visiones sobre el amor libre y, a lo bien, piénsenlo antes de lanzar un piropo, el ridículo es usted.


*Las posiciones son de las y los columnistas y no representan necesariamente las posturas de la Corporación Descontamina.

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